Casi desde el origen de la fotografía, la guerra ha sido un tema recurrente. No porque se trate de una raza especial de morbosos crónicos esa de los fotógrafos, sino mas bien porque como dice Nacthwey: “Siempre ha habido guerra. La guerra se extiende, rabiosa, por el mundo en este preciso momento. Y hay pocas razones para creer que la guerra dejará de existir en el futuro.”

 

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© Ron Haviv.

 

Mas bien, pienso, se trata de una pulsión profunda por presenciar la vida, cruda como es, la que mueve a quienes voluntariamente se enfrentan al horror de semejante absurdo. Algunos elaboran esa pulsión con un trasfondo histórico. Y para otros, la necesidad de no ser los únicos, que el árbol que cae en la mitad del bosque si haga ruido, la angustia de hacer entender a la multitud que se queda en casa, es lo que los lleva a buscar una imagen mas. ESA imagen que logre capturar la “realidad” de lo que les pasa en frente.

 

De pequeño recuerdo ver revistas viejas llenas de imágenes de Vietnam. Vietnam es el momento culminante de la fotografía de guerra. En Vietnam el acceso fue irrestricto y no había casi censura, por lo que algunas de las imágenes mas crudas que se recuerden se tomaron en algún arrozal del sureste asiático. Ahora que me puedo llamar fotógrafo, hago cuentas y puedo decir con seguridad que hace al menos 10 años que deseo poder, algún día, cubrir una guerra. Asistir a ese absurdo y entregar mi mirada a quienes eventualmente lleguen mis imágenes.

 

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© Eddie Adams.

 

Sin embargo de tanto en tanto, aparecen en mi google trabajos excepcionales de fotógrafos que han asistido a los últimos conflictos y ese deseo tambalea. Dos razones motivan esa actividad sísmica: 1. Soy lo suficientemente buen fotógrafo para merecer la licencia de  presenciar algo de esa magnitud? Tanta gente desea tener “noticia” de una guerra cuando ésta estalla, que se debe ser muy responsable con lo que se le entrega. 2. Que tan preparado se puede estar para ser testigo de algo así? No se trata de ser sentimentaloide pero una cosa es un acto terrorista de tanto en tanto y otra muy diferente que ello se convierta en rutina.

 

Hoy que el espíritu de la época viene con olor a pólvora, me encontré a Joachim Ladefoged. Un danés con casi 40 años y un portafolio de imágenes tremendas. Le di la vuelta a su web site un par de veces. Me hago las mismas dos preguntas. El problema es que si hay que creerle a varios de los rumores, periodísticos, editoriales, de opinión y a los de la gente en la calle, o bien habrá que encontrarles respuesta pronto o simplemente esperar a que acaben las hostilidades y sacar conclusiones.

 

Por ahora aquí les dejo un par de imágenes y el link al web site.

 

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Las imagenes son © Joachim Ladefoged.


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20, 07, 1919  –  11, 01, 2008.  You’ll be always on our minds.


2053011425_4cb0af038b.jpgEl periodico El Pais de Cali abusivamente hizo uso de esta fotografia de Maria Claudia Montaño. La imagen fue bajada desde el photostream de Maria en flickr.com y utilizada en la edicion impresa del periodico. La imagen esta colgada bajo licencia de Creative Commons para divulgacion, con uso NO comercial y con atribucion. Nada de lo cual se cumple. El periodico es una publicacion que se comercializa (no se distribuye gratuitamente) y en ninguna parte aparece el credito de autoria. Esta actuacion y otras que atentan contra los derechos de autor (Ley 23 de 1982), son costumbre comun en el mundo editorial colombiano.  


Para quienes trabajamos detrás de una cámara es evidente, al ver una obra como un reportaje, cuando es una pieza de autor y cuando quien la encargó no esperaba que complacieran una imagen preconcebida en su cabeza, sino que mas bien esperó que el fotógrafo contara su “versión de los hechos”. Al final de eso se trata, de seducir al observador. No se trata de un ejercicio de objetividad. Es una ilusión, una sugestión. Cualquiera que pretenda dirigir (yo diría interferir) como deben ser las imágenes de un reportaje, que pretenda pasar por encima de la visión de quien fotografía, entonces no esta permitiendo y de hecho se esta privando de obtener, el resultado de ese acto de magia en el que la realidad se transforma en arte.

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Acabo de pasar las 21 fotografías que componen el premio Pullitzer 2007 para Feature Photography. El documento es desgarrador. Es una muestra abrumadora de humanidad. También es una prueba contundente del poder de la imagen fotográfica. Pero de la fotografía hecha con conocimiento de causa.

No vale la pena decir nada en absoluto acerca de las fotografías que ganaron el premio. Solo quiero reseñar el nombre de la autora. Reneé C. Byer. Visiten la pagina, y sometanse a lo implacable.


James Nachtwey.

20Ago07

-Mala traduccion de un texto increible de un fotografo increible-

Por que fotografiar la guerra?

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Siempre ha habido guerra. La guerra se extiende, rabiosa, por el mundo en este preciso momento. Y hay pocas razones para creer que la guerra dejará de existir en el futuro. Así como el hombre se hace mas civilizado, los medios para destruir a su semejante se han hecho siempre mas eficientes, crueles y devastadores.

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Será posible darle fin a una forma de comportamiento humano, que ha existido siempre a través de la historia, por medio de la fotografía? Las proporciones de esa idea parecen ridículamente fuera de balance. Sin embargo, esa sola idea me ha motivado.

Para mi, la fuerza de la fotografía recae en su habilidad de evocar un sentido de humanidad. Si la guerra es un intento de negar la humanidad, entonces la fotografía puede ser percibida como su opuesto y si se usa bien, puede ser un poderoso ingrediente en el antídoto contra la guerra.

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De cierta forma, si un individuo asume el riesgo de ponerse a si mismo en el medio de una guerra para comunicar al resto del mundo lo que esta sucediendo, esta tratando de negociar la paz. Tal vez esa es la razón por la que a los que se encargan de perpetuar la guerra, no les gusta tener fotógrafos alrededor.

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Se me ha ocurrido que si todo el mundo pudiera estar ahí tan solo una vez y ver por si mismos lo que el fósforo blanco hace a la cara de un niño o el dolor inexplicable que el impacto de una bala causa, o como un pedazo de metralla aserrada puede arrancar la pierna de alguien -si todo el mundo pudiera estar allí para ver por si mismos el miedo y la pena, solo una vez, entonces entenderían que nada vale tanto como para dejar que las cosas lleguen al punto en el que eso le pase a una persona, ni que decir a miles.

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Pero no todo el mundo puede estar ahi, y es por eso que los fotógrafos de guerra van alla -para mostrarles, para ir hasta ellos, y alcanzarlos, y hacerlos detener por un momento lo que están haciendo y poner atención a lo que esta sucediendo- para crear imágenes suficientemente poderosas para pasar por encima del efecto diluyente de los medios masivos y sacudirle a la gente la indiferencia- para protestar y por la fuerza de esa protesta hacer que otros protesten.

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Lo peor que se puede sentir es que, como fotógrafo, me estoy beneficiando de la tragedia de otros. Esa idea me atormenta. Es algo con lo que tengo que luchar todos los días, porque se que si la verdadera compasión un día abre paso a la ambición personal, habré vendido mi alma. Las apuestas son demasiado altas para mi como para pensar de otra manera.

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Intento volverme tan completamente responsable de mi sujeto como me es posible. El acto de ser un extranjero apuntando una cámara puede ser una violación de la humanidad. La única manera como puedo justificar mi rol es teniendo respeto por el predicamento de la otra persona. En tanto que hago eso, asi mismo soy aceptado por el otro, y es asi como puedo aceptarme a mi mismo.

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James Nachtwey

(Todas las imagenes son de James Nachtwey -excepto por el retrato, del que por desgracia, no tengo credito. Visitar http://www.jamesnachtwey.com/)


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01Jul07

Últimamente revisando la estadística de este blog y los criterios de búsqueda que traen lectores por estos lados, ha sido mas que evidente que mas del 62% de los que visitan lo hacen buscando información para hacer tareas escolares. No me sorprende ya cuando veo que la mayor afluencia se da los domingos y la procesión aumenta al finalizar la hora 14.

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Por supuesto que este blog tiene un cierto olor a escuela y a didáctico y a cuadrado y rectángulo. Pero si usted lee entre lineas encontrara que se trata mas de espirales y armonía. Es algo así a:b=b:a+b.


En 1985, la noche del 13 de Noviembre, Luis de 15 años y estudiante del Colegio Americano, estaba durmiendo en la casa de sus padres, en el barrio “El Yavi” de Armero. Allí lo sorprendió la avalancha de lodo y piedras que eventualmente borraría la población del mapa, lo que se convertiría en el cierre macabro de la peor semana en la historia reciente de Colombia.

Luis Fernando Martinez.

Luis fue arrastrado por el lodo hasta las cercanías del cementerio del pueblo, de donde fue rescatado muchos días después. Su rescate fue el ultimo que se efectúo en lo que un día fue Armero.

Con el suyo se declaro terminada la labor de búsqueda de sobrevivientes y los organismos de ayuda pudieron dedicarse de lleno a la tremenda labor de deshacerse de miles de cuerpos que yacían a medio enterrar y que convirtieron la región, por muchos días, en un muladar apestoso.

Luis perdió a sus padres y a su hermano menor de 4 años. Jamas supo nada de ellos y supone que deben yacer enterrados bajo el lodo solidificado. Recuerda claramente el momento de su rescate y que le hicieron saber que era el ultimo afortunado. Sin embargo por 8 años no recordaría la cara de su salvador, aun cuando estuvo abrazado a el, colgando de un helicóptero atado apenas por una soga, por varios minutos mientras lo ponían bajo el resguardo de la Cruz Roja que lo llevo a un hospital de campaña en Guayabal. Apenas tenia algunas cortadas, estaba prácticamente ileso.

Algunos años después pidió trabajo en un parqueadero frente al hospital de los seguros sociales en Ibague. Le dieron la oportunidad de trabajar siendo apenas un muchacho. También lo dejaron vivir en el local. Un tiempo después le contó a sus benefactores que era sobreviviente de Armero. Aunque sabia que era un factor persuasivo, no le gustaba que la gente lo tratara diferente por su condición, pero sus nuevos protectores le inspiraron confianza y el decidió dejarles saber.

Lo que no se imagino fue el impacto que esa historia tendría en quien la escucho con mayor atención. El dueño del parqueadero era bombero retirado y recordaba fielmente haber sido quien rescato al ultimo sobreviviente de la tragedia. Tantas caras habían pasado frente a sus ojos, en tan pocos días, que era apenas lógico que no recordara una en especial. Mucho menos cuando ya habían pasado tantos años, ya no estaba cubierto de lodo…

Él mismo decidió no contarle nada al muchacho hasta no estar seguro. Con mucho tacto, en el transcurso de un par de años, queriendo evitarle mas sufrimientos al que se había convertido casi en un hijo, fue sacandole detalles de la historia. Como bombero, había sido afectado profundamente por la tragedia y al final abandono el cuerpo por ese motivo. Sabia que remover esos recuerdos no era para nada una empresa feliz.

Al final reunió fuerzas y le contó a su “hijo” la historia. Se dio cuenta que llevaba 8 años rescatando a Luis. Eso sello para siempre sus destinos. Aunque no hablan de ello, saben que están unidos por un lazo mas fuerte que el de la consanguinidad.

Hoy Luis tiene una hija y maneja una grúa, esas dos cosas son su mayor orgullo. Contrario a quien lo rescato de entre 25 mil cuerpos, que era todo lo que quedaba a su alrededor, habla tranquilamente de su pasado y de la noche terrible en que perdió una familia para convertirse en el hijo mayor de otra.